Posible primer amor
Posible primer amor. Tokyo, 2006
© Roberto Marquino
Posible primer amor. Tokyo, 2006
© Roberto Marquino
Acabo de leer una entrevista a una fotógrafa que ganó un concurso internacional sobre vida salvaje con una imagen que, de haberla obtenido yo mismo, la habría descartado de inmediato.
La señora es bastante mayor y parece muy simpática, jamás se me ocurriría ir contra ella o su trabajo, pues estoy seguro de que lo lleva a cabo con la mayor de las pasiones.
Y en cierto modo me maravillo al leer tantos datos: usó una Nikon modelo tal, con una lente tal, apertura tal y estabilizador. Hubo un momento que dudó al pensar que no le daría tiempo a variar la configuración de la cámara, que estaba en modo de prioridad de abertura. La velocidad era tal…
De repente recuerdo las habituales conversaciones donde la gente me pide consejo fotográfico sobre asuntos técnicos que jamás me he molestado en aprender, y la respuesta es siempre la misma:
_ Disculpe, en realidad no sé mucho de fotografía. Yo disparo con el bajo vientre.
- ¿Y eso cómo se hace?
- Pues mire, no me refiero al acto de gestionar lo sobrante en el tigre. Fotográfica y hasta vitalmente hablando, hay algo localizado exactamente en el bajo vientre -los japoneses lo llaman Hara y los chinos Tan t’ien- que me dice cuando disparar la foto si estoy tranquilo y me siento uno con la vieja Rollei y el ambiente. De lo contrario, ese día no hay foto.
Personalmente respeto los caminos que cada cual haya seguido para la obtención de una buena copia de la realidad a la cual aferrarse, disfrutando humildemente del goce estético, concentrándose ante ella ó hasta creyéndose artista por momentos, en el peor de los casos.
Es un engaño más pero el truco está, quiero pensar, en saber que se corre sobre una cinta andadora sin fin.
Para mi ha supuesto una gran liberación conocer esto. Quizá al principio perdí parte de la pasión que me motivaba a retratar el mundo y sus habitantes, pero una vez aceptada la nueva situación, disparar sin propósito pero a la vez con toda la atención y el alma puesta en ello me hace sentir más vivo que nunca.
En la era de las ametralladoras, prefiero un revolver oxidado y un puñado de balas. Total, no se trata de matar a nadie.
1:20 LLíria, Valencia
A un verdadero maestro nadie lo ve. Es invisible. No tiene discípulos preferidos: enseña a la humanidad entera. No posee un templo, el planeta y el cosmos son su morada. Se disimula bajo el aspecto de un personaje secundario, es el tigre sobre el que parece meditar Buda, es el asno que porta a Cristo, es el toro negro que concede la fuerza a Mitra.
(Reyna D’Assia a A. Jodorowsky en ‘El maestro y las magas‘)

Cartel de la exposición en el Casino Monte Picayo
Este jueves día 3 los invito a todos a conocer un poco más del Japón tradicional y moderno en la sala de exposiciones del Casino Monte Picayo, Valencia. No se arrepentirán.
La inauguración será a partir de las 20:30, cóctel de presentación incluido.
Mi más sincero agradecimiento al Casino y a FomentARTE por su excelente labor de promoción artística.
Hasta el 7 de Septiembre.
Carretera a Central. Hong Kong
© Roberto Marquino
No hace falta que salgas de tu habitación. Quédate sentado ante tu mesa y escucha. Ni siquiera hace falta que escuches: simplemente, espera. Ni siquiera hace falta que esperes: simplemente, aprende a quedarte callado, quieto y a solas. El mundo se te ofrecerá libremente para que le quites la máscara. No tiene otra opción, caerá a tus pies en éxtasis.
Vuela, vuela alto,
y cuando el vuelo caiga
sigue volando
0:59 Llíria, Valencia
Quien dice una tontería en su barrio puede pasar por tonto ante 15 o 20 personas. Quien la dice en televisión puede llegar a serlo para varios millones de ellas.
00:08 Llíria, Valencia
La travesía real del descubrimiento no consiste en buscar paisajes nuevos, sino en poseer nuevos ojos.
Música, dinero y belleza. Hong Kong, 2007
© Roberto Marquino