Archivos de septiembre de 2004

30 de septiembre de 2004

Una música maravillosa

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Tras despedirme del gran cineasta me dispuse a visitar el templo Zeniarao, donde la gente lava el dinero en sus aguas esperando a que todo el que gasten regrese multiplicado, tal cuento de hadas capitalista.
Sin embargo, ha querido la providencia que bajo el tunel de la estación de Kamakura me encontrase con la música de un joven cantautor japonés al que he tenido el gusto de retratar.
Le he soltado unas monedas y, viendo que se había terminado el carrete de mi Rolleiflex me he detenido al otro extremo del lugar para reponerlo, debatiéndome entre el plan original o quedarme sentado a escucharle desde este rincón, donde no puede alcanzarme con su vista, pero sí con su música inspiradora.

Al final he resuelto quedarme al amparo de este momento decisivo, rodeado por las hojas que el otoño ha hecho caer sobre una escalerita blanca. El templo no va a moverse de su sitio. En cambio esta música tan preciosa como triste asciende a los cielos conducida por el viento, que todo lo barre.
Y puedo afirmar que está compuesta para este día mío de despedida, si que el propio músico sea consciente, pues soy yo el único que escucha en secreto esos matices que tañe con su guitarra, acompañada en ocasiones por su voz de soñador.
Y es que la vida se nos muestra en todo su esplendor en este tipo de instantes, que son los que el verdadero poeta trata de capturar para recurrir a ellos en los momentos oportunos y cuyo resultado, por mucho esfuerzo que uno ponga, nunca es superior al original, al que está vivo y se pierde con el discurso de la acción.
¡Con qué intensidad se vive la vida cuando uno está lejos de casa!

17:00 Kamakura

30 de septiembre de 2004

Visita a Akira Kurosawa

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Hoy es el último día completo que paso en Japón hasta el momento en que esté listo mi visado de trabajo y pueda regresar impunemente.
No es poco lo dejado atrás en esta nueva singladura por tierras de oriente, ni menos manco.
Cada cual dirá lo que quiera al respecto, y siempre obtendrán de mí la misma respuesta: “Que me quiten lo bailado”.

Por otra parte, y tras sendos días de lluvia que culminaron anoche en un chaparrón de órdago, hoy luce un sol de agosto en toda regla que invita a realizar uno de mis más firmes propósitos desde que llegué, consistente en visitar la sepultura de uno de esas pocas personas que dignas de llamarse artistas o maestros: Akira Kurosawa. Uno de los pocos que se han atrevido a obrar con humildad tratando siempre de conocer y progresar en este mundo a través de su oficio y compartiendo el resultado con toda la humanidad.
El cúlmen de ese carácter lo tenemos en “Dersu Uzala”, que me recuerda poderosamente a los escritos de Tuiavii de Tiavea en “Los papalagi”, publicados sin que él lo supiese.
Ese es el tipo de universalidad que busco sin descanso, el verdadero sentido que para mí tiene la palabra armonía.
Pero dejemos de hablar y comencemos con la búsqueda del camposanto.

13:05 Kamakura

Llegado al lugar, puedo constatar que se encuentra lejos de toda popularidad y se respira un aire de paz y tranquilidad. No hay nadie aparte de mí.
Los restos físicos de Akira Kurosawa reposan en el interior de una tumba marmórea de seis pasos y medio de ancho por ocho pasos y medio de alto de un calzado cuarenta y cuatro.
Su nombre está escrito en caracteres japoneses y no goza de mayores diferencias que las otras, testigo de la humildad que le caracterizó en vida.
Me siento y le hablo de tú a tú, pues siempre he imaginado que aquellos que han trascendido toda materia prescinden ya de toda distinción, lastre innecesario para acercarse desnudo a la compañía de la divina providencia.

“Querido maestro, acepta estas flores y esta tablilla de madera como tributo a toda una vida dedicada al arte como instrumento de comprensión de la natura.
Jamás osaría arrancar flores para que el tiempo las vea marchitar, por ello espero que no te estorbe esta pequeña maceta y que el monje la riegue cuando sea necesario, deseando volver a veros a ambos a mi regreso sin grandes cambios, como símbolo de la relatividad del paso del tiempo, que a la fín todo lo consume.
Todos nacemos desnudos del vientre de una mujer, el resto depende de numerosos factores.
¡Alabo aquellos que te fueron siempre favorables, pues hasta de lo malo supiste sacar partido, como todo gran genio!”

¿Qué más puedo decir?
Las palabras pueden dar lugar a malas interpretaciones, pero los verdaderos sentimientos… esos no engañan.
Y siento que transmito más a través de éstos que de la palabra, tan susceptible a las interpretaciones erróneas.
Por eso cuando me preguntan acerca de una de mis fotografías, inquiriéndome una explicación que desvele el misterio, a menudo, como ya dijera otro gran maestro, respondo: “si pudiese expresarlo con palabras no habría hecho la fotografía”.
Querido Akira Kurosawa, donde quiera que te encuentres, desde aquí te doy las gracias por tus aportes a la humanidad, fruto indiscutible por discernir los simples caminos de la vida que nosotros, en nuestra ignorancia inicial, juzgamos tan complicados.

15:00 Kamakura

29 de septiembre de 2004

Embotamiento

Publicado en Diario por Roberto Marquino

De nuevo escribo desde un garito, esta vez uno de corte asiático con mobiliario hecho a base de cañas de toda clase.

Suena un tema ochentero cargado de esa energía bohemia y nuevo romanticismo que caracterizaron la década.

Abandono el intento de escribir, las ideas no fluyen.

23:03 Yokohama

28 de septiembre de 2004

En un bar de tercera

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Se me puede ver sentado en un bar de tercera con precios de primera que rinde tributo a la cultura popular estadounidense de un modo tan particular que nadie podría reprocharles nada.

Oigo sonidos de guitarras que despiertan mi débil sentido del ritmo y de vez en cuando me veo moviendo el pié sin pretenderlo del todo. Estos ritmos alegres, levemente melancólicos del country music me sugieren escenas de hermandad universal, pasadas por un filtro psicodélico.

Al final de la barra hay un japonés que fuma y pone cara de chulo tras la calada. Luego se calza un trago de algo que no alcanzo a ver.

Entre mis notas y los muchos papeles que mi amigo Masashi ha desplegado por la mesa parece que tengamos montada una oficina en mitad del tugurio.

¡La madre que nos hizo!

Y en medio de los papelacos, una bandeja de patatas fritas a las que el mentado llama french potatoes, mientras trata de convencerme sin éxito de que en todo el mundo se conocen por tal nombre.

Si hubiese más luz haría algunas fotos de este lugar decadente.
A modo de croquis, para hacerse una idea: detrás de mí, justo enfrente del tigre, hay unas butacas de cine de cuando Franco era corneta.

La barra del bar es para verla. Algunos libros destartalados a la izquierda, una bola del mundo retroiluminada de cierto tamaño, jarras, vasos y cacahuetes esparcidos aquí y allá…

La pared esta alicatada de etiquetas de bebercio y de ella cuelgan joyas tales como una calavera de vaca y un cuadro ceroso, que a su vez contiene un modelado de una cabeza de un nativo americano de tamaño reducido. Pero la joya de la corona es un reloj de descomunal marco cuyas manetas no acompañan en tamaño al aparejo, que tiene grabadas las letras Purex en verde, sobre fondo negro. Para qué seguir.

Ahora mismo suena un tema de esos que obligan a levantarse del asiento y mirar al respetable a la par que uno se quita el sombrero, frunce el mostacho y vocea un “Ieeeeehaaaaa” mientras estos responden con miradas cómplices entre sí y acto seguido comienzan a bailar arqueando los brazos y levantando una rodilla tras otra.

Mi pudor me impide lanzar el santo y seña que quién sabe si provocaría en los clientes la respuesta deseda.

Así es la vida señores, unos días uno piensa en pegarse un tiro y otros se encuentra tan a gusto que cualquier cosa es buena. Y es que hasta acaban de poner un tema que bien le valdría de banda sonora a estas últimas palabras. Guiños del destino.

22:50 Yokohama

25 de septiembre de 2004

Sincero y noble

Publicado en Diario por Roberto Marquino

En la editorial Pie Books han rechazado el proyecto de hacer un libro con mi colección de negativos de la España de preguerra.

No es que tenga mucho que ver con mi trabajo personal -quizá no de un modo directo- pero sí indirectamente, ya que esas fotografías realizadas por aficionados recogen la naturalidad y la común expresión de las gentes simples (en el mejor de los sentidos) que aquella época pudo brindar. Son fotografías verdaderas, pues no engañan ni lo pretenden.

Por tanto, sí me afecta la decisión del señor capitalista que ha juzgado improductivas esas pequeñas joyas de tiempos pre-consumistas.

En otro orden de cosas, finalicé el libro de Breton, que renovó mi vocabulario onírico y me inspiró nuevas metas, despertando algunas inquietudes que desde hace tiempo mantenía en estado de hibernación.

También el libro de Claude ChabrolCómo se hace una película” me ha gustado en cuanto que sintetiza con cierto humor y de un modo muy personal el podrido mundo del cine que clama a gritos un poco de creatividad más alla de los efectos especiales y la sobreactuación.

Con él he aprendido el poder de la dramaturgia, que se ha unido a mi muy segura visión del encuadre y la importacia de la fotografía. Y la economía de medios… ¿Qué sería de mí sin la economía de medios?

Tal vez un mercachifle más, lleno de pretenciosidades volátiles.

LLevo un tiempo dándole vueltas al asunto de filmar un documental sincero y noble. Tengo muchas ideas al respecto, pero no diré nada hasta que tenga claro el asunto para no marear más la perdiz. ¡Bastantes desgracias me ha traído ya el oficio que me escogió por culpa de los tiempos de negrura creativa y la primacía del papel tosco y el metal redondo!

¿Acaso sólo yo puedo reconocer el valor del diamante cubierto de barro?

Necesitan, según me hacen saber, que mi nombre gane en prestigio para lanzarse a publicar mis fotografías. Y eso lo dicen casi todas las editoras que he visitado, lo cual es causa de paradoja pues si nadie prende fuego a la mecha el cohete no sale nunca.

Y añado: ¿Qué tiene que ver mi nombre en todo esto? ¿Acaso no es la providencia la que me brinda esos instantes únicos que, lejos de elegirlos, se me imponen bajo un dictado universal?

Lo he repetido hasta la saciedad pero como las escuelas ya no dan importancia a las humanidades se forman personas deshumanizadas que sólo conocen la ecuación donde la X, que es la obra, ha de ser igual a $ o a € -que actualmente goza de mejor prestigio-.

¡A Dios clamo un nuevo renacimiento de las artes!

¡Benditos aquellos tiempos donde las artes no gozaban de tanto prestigio y se las consideraba parte de la artesanía! 

¡Cuantos de aquellos que gustan de llamarse artistas, adoradores del vil metal, abandonarían esta profesión si no ganasen más que lo justo para vivir!

No pocos, afirmo.

Esperaré a mejor viento para alzar las velas. Entre tanto no cesaré en el empeño por comprender estos tiempos de confusión que me ha tocado vivir a través de las lentes de la cámara, cual eterno vouyeur que se cuestiona cuanto le rodea a la par que goza con ello.

23:15 Meguro. Tokio

21 de septiembre de 2004

Surrealismo y perversión

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Hoy luce un sol radiante y cálido sobre un cielo mediterráneo, pese a encontrarme lejos de allí.

El viento planta cara al buen tiempo y revoluciona el entorno cada pocos minutos, cíclicamente.

Como dato añadiré que estoy en un parquecito que se ubica enfrente del museo metropolitano de fotografía, donde a estas horas laborables no se encuentra nadie excepto mi persona y, recién atisbada, la de un señor que come tallarines de un cuenco bajo la sombra de un árbol de especie local.

Ya acabó el banquete y se marcha.

Hace unos días concluí la lectura del “Viaje a Italia” de Goethe, cuya enorme capacidad descriptiva aparejada a esa humilde forma de narrar que tiene me han impresionado sobremanera, no menos que el contenido, capaz de transportarnos a la época haciéndonos partícipes de sus sensaciones y sentimientos.

La humildad que perseguía Goethe es de la misma naturaleza que la que ando buscando tanto tiempo, sabedor de que se halla en mi interior, dormitando, pero desconocedor de los mecanismos finales que habrán de reanimarla.

Si sé, por contra, de las actitudes a tener en cuenta hasta dicho instante: claridad de ideas, verdad, sinceridad, amor, pasión noble desprovista de egoísmo y ceguera e intención de progreso.

Se trata de transmutar el interior que trasciende toda materia, de la alquimia del espíritu.

Hace también unos días, los mismos que han transcurrido desde la conclusión del citado libro, que he descorchado otro gran reserva, llamado “Nadja” y acometido por el Rey Sol, ese enigmático personaje que se hacía pasar por André Bretón.

Su lectura me recuerda a mi adolescencia. Si estoy en lo cierto, el autor debió sufrir mucho por causas internas.

En el caso de Bretón es evidente que se han de conocer bien su personalidad y su tiempo para dar buena cuenta de lo que nos quiso contar a traves de sus escritos surrealistas.

Cambiando de tercio, y colocandome la mascara castiza (carpetovetónica, que diría el eterno homenajeado).

La noche del 19 nos movimos en ese ambiente que tanto me atrae y repele al mismo tiempo: el que tiene lugar en horas tardías de la noche en el extrarradio o el corazón histórico de toda ciudad que se precie.

Meretrices, chulos, esbirros, travestis, transformistas, negociantes de dudosas mercancias…

Todos al servicio del estresado que allí acude a poner remedio a sus miserias mundanas, dispuestos a realizar las más oscuras fantasías que habitan en el interior de aquellas mentes enajenadas por causa de la monotonía, la posesión material y la falta de verdadera libertad.

Es el caso de aquel transformista que retraté en aquel callejón de Shinjuku, que entre semana oficiaba de hombre de negocios. O el de aquellas muchachas tatuadas, ataviadas con uniforme de instituto que invitaban a la entrada de oscuros tugurios donde se representaban revistas oficialmente eróticas, tal vez pornográficas en su finalidad.

Este submundo de perversión cuyos mecanismos psicológicos se oponen a lo convencional me atrae por surrealista y me causa aflicción por ese modo tan innoble de actuar que a la fin los vuelve a todos más humanos que aquellos que por las mañanas pudieran parecerlo.

¡Qué gran contrariedad!

Entre tanto, el parquecito se ha llenado de niños y numerosas nubes han borrado el cielo azul que me recordaba tanto a mi tierra.

¿Qué sera de aquel travestí de metro noventa durante las horas de luz?

Cuando me encontraba enfrente de aquellos antros para mujeres donde éstas pagan grandes sumas de dinero para que un chico atractivo les dé conversación, no dejaba de acordarme de aquella mujer que vivía en un receptaculo de metro y medio en Nueva Delhi, ejerciendo diariamente la prostitución a cambio de unas monedas y alimentos para sus hijos.

En esos momentos uno no entiende nada y siente que el fín de la humanidad podría sobrevenir en cuestión de siglos; la humanidad tal como solíamos entenderla, con su crueldad y ternura, pero sin tanto desconcierto motivado por el aburrimiento.

Es entonces cuando debo decidir entre el egoísmo y la interacción y, puesto que años de meditaciones han despertado en mí un verdadero interés por progresar y he recibido el don sensible que facilita la labor artística, no deseo sino ayudar al prójimo en la medida en que las circunstancias me lo permiten.

Mi gran deseo es pasar de eso que considero un deber a interiorizarlo como un pensamiento natural y vivir en consecuencia con ello hasta el día de mi muerte, sin esperar recompensa alguna.

Espero que con el tiempo y el esfuerzo se obre tal cambio en mi interior.

13:00 Ebisu. Tokio

17 de septiembre de 2004

Los cuervos japoneses

Publicado en Diario, Noticias por Roberto Marquino

En Japón hay muchos cuervos.

Se los tiene por animales innobles como el común europeo acostumbra con las palomas, a las cuales se refiere como ‘las ratas del aire’.

En cambio aquí son más considerados y respetan y reconocen la inteligencia del ave solitaria que suele graznar desde lo alto hacia lo mas alto, como inquiriendo al Santísimo por haberles deparado aquel destino.

Acostumbran a picotear entre las basuras en las primeras horas de luz y, más tarde, cuando todos transitan las ajetreadas calles, se alimentan de los despojos que hallaron maldiciendo su suerte o tal vez soñando con ricos manjares, como bohemios en tiempos otrora acaecidos.

Respeto a estos animales y en cierto modo me identifico con ellos.

Como fotografo vivo del poco aire que esta sociedad ‘avida dollars’ deja que respirar. Busco y rebusco esos momentos de melancolía con instrinseca esperanza que tal vez podríamos reconocer en la saudade portuguesa, lamentando la pérdida de algo que no se definir muy bien.

Como seguramente hacen también los cuervos, me lamento de algunos cambios y añoro tiempos utópicos que nunca tuve ocasion de vivir, pues nunca existieron.

Busco una simpleza y humildad sinceras en mi espíritu, pero tan pronto como creo tenerlas a la vista se desvanecen como un espejismo en el mar de lo imposible y la soledad me embarga de nuevo.

¡Cuánto camino por recorrer!

¿Hallarán fin mis inquietudes?

Espero que no, me digo, sabedor de lo inabarcable de la vida.

Y llegado a este punto fijo mi vista en el horizonte, como el ave negra, y observo en silencio el rumor de la vida sin juzgarla ya. Entonces noto la etérea presencia del omnipotente e imagino que sonríe, se sienta cerca de mí y me susurra al oído con su voz grave, mientras observamos juntos la puesta de sol: ‘Así es como yo lo veo’.

16:45 Ebisu. Tokio

15 de septiembre de 2004

Savia nueva

Publicado en Diario, Noticias por Roberto Marquino

Vengo de mostrar el pequeño libro blanco en ‘Little More’, una editorial que me recomendaron hace unas semanas y sobre la que afirmaron que tenía buen gusto y sabrían apreciar las fotografías que pretendo mostrarles.

Allí, la editora y su traductora se han maravillado con el material, no sin lamentar el estado actual del mundo fotográfico, donde priman los cambios de estilo según la moda del momento.

Han convenido -como en su día lo hicieran en Magnum- que mis fotografías no están engarzadas por un fino hilo conductual, y que tal vez se atreverían a publicar algo más concreto si estoy en disposición de fotografiarlo.

Como me veo forzado a volver a España por motivos legales hemos acordado que a mi regreso verán sabia nueva vertida en sencillas tomas, manteniendo el estilo que considero más noble y movidas por un sentimiento concreto (tal vez la vida en los pueblos valencianos).

Hasta entonces, queda mucho trabajo por delante.

De corazón espero que toda la energía vertida en este loco empeño por devolver al arte lo que le es propio -lo que le ha sido robado a causa de los anhelos de enriquecimiento personal de unos pocos- no sea en vano, siendo capaz de decir en un futuro que merecieron la pena tantos sufrimientos.

Mientras, la espera se me hace larga. Necesito progresar en el estudio de la vida y sus artes.

Poco a poco se va fraguando en mí la idea de realizar un documental en blanco y negro bajo la misma perspectiva y encuadre que mi fotografía ofrece acerca de un tema que desde hace años me ronda la cabeza: los cambios que ha producido la sociedad de consumo. A modo de contrapunto, la belleza que le ha sobrevivido, mostrada tantas veces en sencillos fotogramas y que ahora se me antoja plasmar en movimiento.

Comprendo que ello requiere mayores conocimientos y posibles económicos de los que soy capaz y acallo mis impulsos de llevar la idea a cabo diciéndome que todo tiene su momento y que vendrán tiempos donde encuentre un clima más propicio para acometer tales empresas.

12:50 Shibuya, Tokio

15 de septiembre de 2004

Carta a Jofre

Publicado en Diario, Noticias por Roberto Marquino

Tras muchas aventuras y desventuras vividas con intensidad y en ocasiones desesperación, ha querido la divina providencia que regrese a mi tierra por dos meses, que son los que a ojo de buen cubero hacen falta para tramitar mi permiso de trabajo y residencia en este país que es Japón.

Comenzaré mi carrera por lo más bajo, siendo ayudante de estudio. Luego, si persevero y la fortuna se encuentra de mi parte, quién sabe si lograré alcanzar mi sueño.

Lo que no deja lugar a dudas es mi buena voluntad y disponibilidad de espíritu, cosas que atraen a la suerte como el talismán al supersticioso.

El inesperado regreso a España se producirá el 2/10/04 a las 12:30 del mediodía, hora de llegada al aeropuerto de Barcelona.

10:15 Meguro, Tokio

13 de septiembre de 2004

Futuro incierto

Publicado en Diario, Noticias por Roberto Marquino

Dentro de una hora y un cuarto he de encontrarme con el señor Urakawa para mostrarle la información acerca de mi visado.

Juntos decidiremos acerca de mi futuro en el país, si bien el regreso a suelo patrio se me impone con toda seguridad.

Si el señor Urakawa prosigue con sus dotes de padrino y cursa los tramitos burocráticos con éxito tal vez pueda regresar a Japón a primeros de diciembre para incorporarme al puesto de trabajo que me ofreció en el nuevo estudio de Shibuya.

Pensando en ello he encontrado un vuelo económico de ida y vuelta abierta por un periodo de dos meses, el doble de lo habitual.

Esto me permitirá ahorrar una enorme cantidad de dinero en caso de que los trámites se completen con éxito antes de la fecha de regreso.

Ahora bien, como en toda ganga la cosa tiene su pega: la compañia de vuelo es la trágicamente reconocida Aeroflot, cuyo número de vuelos estrellados dobla -si no triplica- la cantidad de siniestros respecto de la siguiente compañía en la lista negra, amén de que el pasaje obliga a permanecer un día entero en el aeropuerto de Moscú, sin visado para salir del mismo y explorar la ciudad de noche.

16:13 Meguro, Tokio