Archivos de diciembre de 2004

23 de diciembre de 2004

Una decisión vitalicia

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Ando ya algo cansado de hacer siempre las mismas reflexiones.

Creo que voy a dejar de atacar el estado actual del arte, especialmente el arte fotográfico, para pasar a formar parte de él verdaderamente y comenzar a decir sin palabras. Ésta es mi verdadera vocación y no puedo demorar por más tiempo su expresión.

Creo, asimismo, que ha llegado el momento de disfrutar del instante, ese que conozco tan bien y que tengo el don de retratar, pero que se me escurre como arena entre los dedos cuando acabo poseído por la duda y la melancolía.

Es tiempo de volver a tomar la calle y estar receptivo a sus sutiles enseñanzas. Tiempo, al fin, de aparcar mi tremenda incompresión de la mujer actual, fruto de escuchar sus demandas, para tratar de asimilarlas gozando en profundidad de su compañía y su esencia, olvidando de una vez por todas sus inseguras quimeras y llegando a la verdadera comprensión que, al igual que la fotografía, no necesita de palabras.

Finalmente he aceptado que no se tratra de perder el tiempo aburriendo a personas que a su vez se encuentran aburridas, sino de unirse a ellas para celebrar extasiados el momento que se desvanece inexorablemente.

4:15 Llíria, Valencia

17 de diciembre de 2004

Divagaciones existencialistas

Publicado en Diario, Fotografía por Roberto Marquino

Asimo

Asimo. Tokyo, 2004
© Roberto Marquino

¡Cuántos recuerdos nos trae el pasado!
A lo largo de los últimos años he mudado de piel en diversas ocasiones, coincidiendo siempre con el lento despertar que proporciona la experiencia.
Dios y ciencia al fin se han reconciliado bajo mi perspectiva de la vida y ahora caminan juntas de la mano por siempre jamás. Todo lo que no puede explicar la segunda queda al amparo de la primera, y debo decir que esta concepción de las cosas me agrada y me maravilla, en cuanto a que siempre hay lugar para el misterio y la gracia del destino.
Sin esa ilusión que genera a veces no arrancan los motores de la pasión y levantarse por las mañanas se hace insoportable.

El fenómeno de la vida y la creación del universo constituye un milagro que la ciencia va desvelando poco a poco, y sin embargo, como decía Einstein, al final de todo siempre está Dios.
Todo esto me conduce a Jean Paul Sartre y el existencialismo ya que, más allá de todo antropocentrismo, se me antoja juicioso creer que haya un motivo que explique forzosamente nuestra razón de ser.
Ello me deja dos salidas posibles: O la casualidad no existe o bien todo es fruto de una casualidad lógica, una especie de caos ordenado que se encarga de mantener el equilibrio de las cosas.

¿Tendrá esto alguna relación con la materia oscura o la posible existencia de un multiverso?
La respuesta no la hallaré en vida. Nuestro conocimiento del cosmos es tan limitado…
No obstante, considero de importancia capital el avance personal que efectuamos en este presente contínuo que se desvanece a cada nuevo paso.
Una vez más las mismas preguntas…
¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?
Y acaso la más importante:
¿Por qué?

23:50 Llíria, Valencia

13 de diciembre de 2004

Rozando el límite

Publicado en Diario, Fotografía por Roberto Marquino

Calle tradicional en Yokohama

Calle tradicional. Yokohama, 2004
© Roberto Marquino

Estos días me siento como un neonato en el momento antes de asomar su cabeza al mundo después de un parto difícil. Me está costando, de veras.
Lo veo todo negro y sin embargo esa oscuridad está fusilada por un leve agujero que proyecta luz al interior de este estado mental tan ansioso y negativo que me fustiga sin cesar. Y todo porque me encuentro estancado en un lodazal de falsas esperanzas.
¡Cuánto conseguí en Japón y qué poco en España, mi país de origen!
Aquí todo son palabras bonitas y ninguna acción positiva. Nadie da un duro por mí, y sin embargo hace unos días recibí un correo electrónico de la señorita Junko Ogawa, editora de Mágnum Photos Tokyo, emplazándome hasta mi regreso a la capital nipona, lugar al que no puedo volver de momento por problemas burocráticos y ahora también económicos. ¡Lo que son las cosas!

Deseo profundamente que se acabe esta espera eterna pero reconozco que nada cambiará si no pongo el máximo de mi parte. Por ello he decidido retomar con más fuerza todas mis acciones, ya que no ando mal de confianza en las imágenes que retiene la vieja Rollei, siempre tan sutiles y prestas a la llamada de la meditación.
Pero todo sin olvidar la importancia capital que tiene la gente como receptora de estos mensajes divinos codificados por este humilde servidor que tengo el placer de encarnar.
Esperemos vientos favorables que hinchen las velas de la curiosidad.
¡Que nos cojan con éstas desplegadas y a punto de zarpar cuando el viejo Eolo nos visite!

11:20 Llíria, Valencia

12 de diciembre de 2004

Más cambios

Publicado en Citas por Roberto Marquino

Holbein, 'El juicio final'

Oh, amigo
El tiempo camina hacia ti para buscarte nuevos planos de la realidad.
Tu ego y tu nombre están en el juego de acabar.
Estás poniéndote enfrente de la Luz Clara.
Tú estás experimentando en esta realidad.
En el estado de libertad del ego donde todas las cosas son como un cielo vacío sin nubes.
Y el intelecto desnudo y limpio es como un trasplante vacío.
En este momento conoce por ti mismo y habita en este estado.
Lo que es llamado muerte del ego está viniendo hacia ti.

(Fragmento del ‘Bardo Thodol‘ o ‘Libro tibetano de los muertos’)

11 de diciembre de 2004

Todo lo que sube, baja

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Ilustración de 'El libro de Urizen', de William Blake

Ilustración de ‘El libro de Urizen’, de William Blake

Hay días que todo es cuesta abajo, un abismo, ya se sabe…

Días donde el pobre buscador de oro se siente desfasado en sus anhelos quiméricos, días donde hasta el más vil de los seres parece que lo supera a uno, días que… para qué seguir.

Me miro triste el ombligo, cabizbajo, y me digo que mañana será distinto, como en toda víspera de algo terrible que aprieta y nunca acaba de ahogarnos para así poder volver a jugar con su muñeco de trapo a placer, cuando menos te lo esperas.

Hay momentos que no soy sino tristeza. Momentos que ni parte de este mundo me siento. Instantes en que la modorra y la desilusión me acorralan debajo de las mantas de la cama, y allí me quedo preso hasta que hago de tripas corazón asomándome de nuevo a la vida con ojos de perdedor.

¡En qué mala hora quise desvelar el misterio!

Ahora que lo conozco el sol ya no brilla lo mismo, ni acaso las estrellas muertas cuya luz errabunda vaga hasta morir en mis pupilas lacrimosas. ¡En qué mala hora, viejo!

¡En qué mala hora quise desvelar el misterio de esta vida caprichosa!

6:30 Llíria, Valencia

10 de diciembre de 2004

Homenaje a Julio Cortázar

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Julio Cortázar

Julio Cortázar

Despierta, despierta amigo mío, que cuando quieras darte cuenta te habrás quedado en calzoncillos, sin manta siquiera con la que ocultar los hechos que te relegan a la postración del que las ve pasar desilusionado.

Despierta, te digo, y desaloja al vagabundo conformista de tu cuerpo entumecido, ese que tan poco aprecias y por el que no das un duro, ese que es cárcel de tu alma y que no ve la hora de extinguirse con el paso de los días.

Déjate de vanas ilusiones y teje tu propio destino con el hilo de la voluntad que nunca se rompe si no es con el dinero sucio de los que están en el otro bando.

Levanta y háblame de tus cosas. Cuéntame aquella historia del hombre que se creía imprescindible y lloró como nadie cuando cayó en el olvido, cuando sus propios vecinos dudaron de su existencia, si es que alguna vez existió como él creía. Y descríbeme el pesar que le acompañaba al hacer memoria y recordar la euforia de los comienzos y la oposición que trae consigo la razón cuando se vocea a grito pelado, sin tapujos, a las caras de aquellos cerdos cebados con buena bellota que se sientan sobre sus poltronas de cuero oscuro, consumiendo el grueso puro que pende de sus carnosas comisuras y que se erige en símbolo de los pobres y los desarraigados de los éxodos de nuestro tiempo.

No te me vengas abajo viejo, que aun te queda suela que quemar, que no todo está perdido.

Recuerda los días de patio de escuela… Pero que digo, si allí también había caciques. Ocho o nueve años tendrían, y ya se las sabían todas. Serán los genes.

¿No te engaño, verdad?

Ni para dar ánimos que vale uno. ¿Y qué si te digo aquello de que la historia la escriben los que ganan?

Bien sabes que vienen apoyados por el metal de los intereses. No obstante te digo que despiertes y levantes contigo a los muchos otros que están sumidos en este letargo gris que no produce más que indiferencia y estanca los pensamientos en el lodo de su propaganda barata. Tal vez juntos podáis reivindicar lo que proceda, porque si cerráis de nuevo los párpados para conformaros con el tenue calor de las falsas promesas de las corporaciones, de verdad os digo que no os merecéis la libertad por la que otros dieron la vida.

6:35 Llíria, Valencia

5 de diciembre de 2004

Retrofuturismo

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Ilustración retrofuturista de Paco Hernández

Ilustración de Francisco Hernández

Hay algo en el ambiente del otoño urbano, especialmente durante los atardeceres de los días lluviosos, que me devuelve veinte años atrás, como estirando de la goma de un tirachinas temporal para lanzarme después una centuria por delante del presente.

Las hermosas líneas cinéticas que dejan los vehículos a modo de estela cuando operamos una cámara en modo B, los fuertes contrastes de la luz de los paneles propagandísticos que iluminan las ciudades como si fuesen maquetas cinematográficas y la individualidad de los seres inadaptados que emergen de la oscura noche son meras pistas de una decadencia que conserva algo de belleza estética en su estructura cosmopolita.

Las corporaciones son ahora más fuertes que el hombre. Al fin han conseguido su deseada inmortalidad creando una estructura imperecedera, nutriéndose de caducas vidas humanas que se suceden en presidir sus entidades sin dejar espacio vital fuera de su seno.

Los rudimentos de la humanidad se funden con la tecnología punta, mientras las libertades personales se van acortando con el pretexto del miedo, infundido por los dirigentes que la banca mundial precisa.

¿Qué habrá sido de aquel amor puro del que hablaban tanto los poetas? ¿Existió alguna vez?

Me pregunto por qué el ser humano necesita sentirse admirado y poderoso entre el resto de sus hermanos, agrupándose en razas o comunidades animadas por diversos intereses y despreciando al resto de los que, como él, están formados por los mismos principios vitales y coexisten bajo el mismo cielo, sobre un mismo planeta.

Todos los rótulos de neón del mundo jamás podrán suplantar el brillo del sol.

Aprovechemos, pues, su calor natural.

22:15 Llíria, Valencia

5 de diciembre de 2004

Manifiesto en defensa de la Tierra

Publicado en Citas por Roberto Marquino

Jefe Noah Seattle

Jefe Noah Seattle

Noah Seattle, gran jefe de los indios Dwamish y los Suquamish. Manifiesto en defensa de la Tierra dirigido al presidente de EEUU, Franklin Pierce, en 1854.

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida.

Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿Cómo podran ustedes comprarlos?

Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto, es sagrada a la memoria y el pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas, en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envia el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos esta pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podemos vivir confortablemente entre nosotros. Él se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es facil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros.

El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino que tambien representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada, y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los rios son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y tambien los suyos, y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. Él no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atras la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra de sus hijos. Tampoco le importa.

Tanto la tumba de sus padres, como el patrimonio de sus hijos son olvidados.Trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorara la tierra dejando atras solo un desierto.

No se, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena la vista del piel roja. Pero quizas sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.

No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar como se abren las hojas de los arbolesen primavera o como aletean los insectos. Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oidos. Y, despues de todo, ¿Para qué sirve la vida, si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque?

Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento – la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire.

El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus ultimos suspiros.

Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondre una condicion: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriendose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos solo para sobrevivir.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; Porque lo que le sucede a los animales también le sucedera al hombre. Todo va enlazado.

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurriría a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.

Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.

Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrira a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; el es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda exento del destino común.

Después de todo, quizas seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. Él es el Dios de los hombres y su compasion se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco.

Esta tierra tiene un valor inestimable para Él y si se daña se provocaría la ira del creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.

Pero ustedes caminaran hacia su destruccion, rodeados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja.

Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por que se exterminan los bufalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes…

¿Dónde esta el matorral? Destruido.

¿Dónde esta el águila? Desapareció.

Termina la vida y empieza la supervivencia.

4 de diciembre de 2004

Como lágrimas en la lluvia

Publicado en Diario, Fotografía por Roberto Marquino

Flautista al final de túnel

Flautista al final del túnel. Londres, 2004
© Roberto Marquino

Tal vez una canción pueda expresar mejor las imágenes que mi mente se encuentra proyectando en este mismo instante. El sutil poder matemático contenido en la melodía maestra trasciende toda palabra, mientras el resto de medios de expresión artística quedan eclipsados por la majestuosidad de las grandes composiciones sonoras. Se quedan cortos.

Su nobleza es tal que si osamos dejarnos embriagar por su fragante perfume somos transportados de inmediato a los más remotos lugares de la mente, allá donde la mano de la conciencia acerca su dedo índice tratando de alcanzar el universo desconocido.

Tal vez alguien haya sentido la tentación de encerrarse en un pequeño hábitat y vivir entre armonías hasta el momento de su desaparición, emulando a los viejos ermitaños tibetanos que se emparedaban en cuevas excavadas a las montañas como máxima expresión de su búsqueda interior.

Cada vez que cerramos los ojos comenzamos un nuevo viaje en busca de la ternura que nos ha sido robada por las frías corporaciones, lanzando al viento una sonrisa apagada que oculta un frágil clamor lleno de gracia, una plegaria a la ciencia ignota de la creación que amalgama todas las maravillas y miserias del minúsculo pueblo humano.

La música es capaz de arrebatarnos de la carne y extasiarnos hasta tal punto que pasamos a formar parte de su cadencia por momentos, dulces momentos en los que somos una nota más entre los acordes que le dan forma, comprendiendo por instantes el misterioso concepto de universalidad, de ese todo que la define.

De ello y más es capaz esta virtud que nos ha sido otorgada como preámbulo del paraíso prometido y a modo de prueba de su existencia. Dejemos pues fluir nuestras almas hasta que la melodía se diluya, como lágrimas en la lluvia.

5:00 Llíria, Valencia

2 de diciembre de 2004

A los que sobrevivieron

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Retrato de Hermann Hesse realizado por Andy Warhol

Hoy quisiera tributar con justicia a todos aquellos que antaño se me acercaron atraídos por puro azar sin pretender nada más allá del carpe diem colectivo.

Eran otros tiempos, sin duda. Tiempos de triste adolescencia y titubeos amorosos que nunca fraguaron, tiempos que no merecen ser evocados.

Conformamos un cúmulo de recuerdos amalgamados. Somos seres que se mueven en el continuo espacio-tiempo y que aún no hemos encontrado un motivo de existencia global pese a los miles de años de evolución transcurridos.

Por ello quisiera reírme de todo ello en honor a Hermann Hesse y su ‘Lobo Estepario‘, logrando al fin proclamar la multiplicidad de voces contenidas en una sola alma, mostrando un gesto de conformidad ante el historial de acontecimientos biográficos que nunca nos llevaron donde hubiéramos querido, si es que a tales edades supimos donde queríamos ir.

Queridos amigos de correrías nocturnas, que Dios os bendiga.

3:00 Llíria, Valencia