Archivos de septiembre de 2005

28 de septiembre de 2005

Las coníferas de tu bosque

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Escribo sin ganas, forzado, autoimpuesto. Ya no hay islas frondosas ni isleños barbados, sino materias y precios, humos y caras de apuro, prisas…

Echo de menos mis islas lluviosas, los cientos de animales correteantes, las puestas de sol inefables y la sensación de proximidad del padre protector, aquel cálido e invisible abrazo que experimentaba cada noche bajo el cielo estrellado, diamantino y centelleante.

¿Cuándo volveré a encontrarme entre las coníferas de tu bosque?

Nunca pretendí ir a aquel lugar, más la providencia llevóme con sus artes paternales. Ahora no soy capaz de olvidarlo, es más, ni lo pretendo. Tan sólo sueño con el momento del regreso a lo que representaba para mí el paraíso en la tierra, un lugar más antiguo que los profetas y las leyendas que emergieron en los últimos días del calendario planetario, un lugar que estuvo desde el comienzo y que se mantendrá hasta el final, si la mano del hombre no lo marchita.

Todas mis vivencias en aquellos remotos lares no han hecho más que afianzar las bases de una estructura interior que ya no venera sino al primitivismo, que enseña al que vive en él con su simple método empírico. Marchó uno y regresa otro.

Una nueva capa se desprende de mis vestiduras, exfoliada, hasta verme desnudo de prejuicios y otros lastres invisibles. Y en la cara, la sonrisa del incólume.

Nada podrá inspirar tanto de nuevo como la osa mayor sobre los últimos colores del crepúsculo. Ninguna meditación será tan serena como las horas que pasamos en el estuario a la espera del lobo solitario.

¿Cuando volveré a encontrarme entre las coníferas de tu bosque?

23:55 Llíria, Valencia

27 de septiembre de 2005

García Rodero y Magnum

Publicado en Noticias por Roberto Marquino

© Cristina García Rodero

La genial fotógrafa Cristina García Rodero ha sido designada candidata a Magnum en la reunión anual de la prestigiosa agencia, siendo la primera persona de nacionalidad española que lo consigue.

¡Felicidades Cristina!

23 de septiembre de 2005

Tiempos postmodernos

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Debo disculparme con los lectores del diario en línea por la ausencia de noticias, eterna tardanza del temeroso de la palestra virtual. Es más, me disculpo doblemente por disponerme a dar una mala noticia como única señal desde la llegada del añorado paraíso lluvioso en Canadá. Y es que ya han sido publicados los finalistas del concurso de ABC que yo juzgaba escaparían a la infumabilidad por algún motivo que desconozco pero que me gobernaba en un principio.

Una vez más, me equivoqué.

En breve narraré algunas de las correrías no punibles acaecidas en aquellos remotos lares del Pacífico. Tal vez les cuente lo del naufragio en la isla -donde casi perdemos la vida- o los maravillosos amaneceres del estuario -que dudo los haya mejores- cuando no hable de las sensaciones de fusión orgánica con aquel pequeño cosmos en el que tuvimos el privilegio de VIVIR, despertando por comparación del letargo somnoliento que han supuesto los años de vida en la ciudad.

A poco de llegar he vuelto a embarcarme en la Feria Internacional de Valencia con la intención de pagar unas deudas para poder adquirir otras nuevas. Acabo mañana, día en que la libertad relativa volverá a formar parte de mi azarosa existencia.

22:00 Llíria, Valencia

1 de septiembre de 2005

Regreso al caos

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Madrugamos sin ganas, azuzados por la gratuidad del holgado desayuno que se sirve en la pensión contratada. Hablamos de las ocho de la mañana, pronto si se tiene en cuenta que muchos negocios abren a las diez.
Habido el pantagruelico festín que ha descorchado el día nos hacemos a la calle en busca de un catre más economico en el que pasar el resto de la estancia en Vancouver. El presupuesto es el que es y, como dijera Felipe Gonzalez un año antes de retirarse como secretario general del PSOE: “Hay que apretarse el cinturón”.
Encontrado el lugar y hecha la reserva nos damos al escaparatismo, que no tiene relacion alguna con lo que hacia Houdini. Lo nuestro consiste en la pura observacion de las mercancias expuestas en los grandes ventanales del “downtown”, siempre bajo el estricto codigo del “lo veras pero no lo cataras”.

A Carlos y a mi nos gusta tocar la guitarra, y al primero incluso le fascina como objeto de coleccionismo, de modo que invertimos un tiempo en algunas de las tiendas de instrumentos que se encuentran diseminadas por la zona. Inversión a fondo perdido, claro, pues poco aporta sino diversion a corto plazo.
áas tarde regresamos al hostal y nos hacemos la comida, seguida por una pequeña siesta de media hora, pues telefoneé a Peter y hemos convenido en vernos sobre las 15:30 para tomar unos bebercios con un amigo suyo.
El regreso a la civilización se me hace más duro de lo esperado. Todo en la ciudad me parece sucio y apagado, carente de interés en cuanto amasijo de artificialidad que solo ofrece vanos pasatiempos a cambio de un tributo demasiado alto. Sin embargo, la resignación positiva es la única actitud que se me antoja posible. Acepto el estado de las cosas con una sonrisa diferenciadora del resto de hormigas y cigarras, la sonrisa de medio lado de aquel que sabe de los resortes y poleas de las que se sirve ese ente impersonal que llaman sociedad para que la tramoya no se venga abajo, la sonrisa de aquel que ha visto más alla (aunque sólo haya sido fugázmente), que ha vivido como un salvaje, que ha aprendido a respetar y amar la naturaleza de un modo racional, lejos de toda exégesis new age, hippie y demas modas transitorias que han distraido el verdadero progreso del alma.

Llegada la hora se beben esas cervezas con Peter y compañía y luego somos llevados en coche a dar un paseo por la ciudad. Adam (que es como se llama el chófer) tiene el acierto de llevarnos a un parque boscoso de enorme tamaño que ejerce de pulmón de la ciudad en un extremo de esta. Como en el Clayoquot, éste se fusiona con la playa y si queda algo por hacer uno puede dirigirse hacia las montañas cercanas que arropan la urbe.
Ciertamente podria decirse que la geografia del lugar es generosa en cuanto a elementos de distinta naturaleza, hecho que lo torna más interesante en cuanto a que hablamos de una ciudad, con sus glorias y miserias.
A la noche me doy un paseo por el barrio, que resulta ser la segunda mayor comunidad gay de norteamérica (y probablemente del mundo) de acuerdo a las palabras de Peter. Las paradas de autobús y el resto del mobiliario urbano lucen de un rosa saturado que no deja lugar a dudas. Por si esto no fuera suficiente para dar a entender de que va el asunto, multitud de banderas con la imagen de un arco iris (símbolo indiscutible de la comunidad gay) ondean pacíficamente a lo largo de la calle Davis.
Me resulta un barrio agradable, nada estrambótico como lo suelen pintar en los medios, y sin embargo a estas horas de la noche tiene ese toque de glamour en decadencia que tantas películas ha inspirado.

23:55 Vacouver, Columbia Britanica