A modern King

A modern King: Momento Jofre II. Valencia, 2003
© Roberto Marquino

A modern King: Momento Jofre II. Valencia, 2003
© Roberto Marquino
Ya se han fallado los premios ABC de pintura y fotografía para jóvenes creadores.
Todo aquel poseedor de un mínimo de amor, sensibilidad, conocimiento y respeto por el arte como medio de alcanzar nuevos estadios en el autoconocimiento convendrá conmigo en que estas obras postmodernas … Bah, para que repetirme.
Juzguen por su cuenta:
1er premio. 15.000 €
3 Accésit dotados con 4.200 € cada uno
“Big-suite II”
“Luciérnaga II”
“Hombre y paisaje”
3:45 Llíria, Valencia
Bien cierto es que las pasadas jornadas no han sido muy halagüeñas.
En primer lugar, hace tres días me encuentro con un tardío correo electrónico que Nanako me envía en relación al encuentro que llevo un año y medio esperando a su regreso de Brasil a Japón, que es a donde me dirijo en dos meses a terminar el libro de fotografías del que he hablado en alguna ocasión (quiera la providencia que vea la luz en condiciones dignas).
En esas líneas impersonales viene a decir algo así como “donde dije digo, digo Diego”. Es decir, que Brasil le ha gustado tanto que va a intentar por todos los medios el regreso al menos por un año más.
Cierto es que me quedé sin palabras, pero… ¿Qué puedo hacer yo?
Cuando alguien lo tiene tan claro… Poco, vaya.
Su respuesta no daba pié a más y (esto lo he aprendido con los años) no se puede tratar de modelar los designios de alguien cuando éstos son más fuertes que la relación que te une a él. Es mejor claudicar, dejarlo libre. ¿Qué mejor demostración de amor?
El tiempo es sabio. Se ríe un poco de nosotros en cuanto a que es como el padre que permite que su hijo llore y se desfogue cuanto quiera hasta que se tranquilice y retome la razón.
No debe uno permitir que el mundo, su mundo, se pare ni aún por algo tan sentido, que ya he visto abandonarse a demasiada gente por un triste desenlace amoroso.
P.D: Curiosamente mi amigo el marqués me ha dedicado una carta al respecto. Gracias, marqués de las letras, por esta amistad que no entiende de leyes físicas.
22:20 Llíria, Valencia

Para elaborar este abrigo se utilizaron más de 20 gatos domésticos
Parece mentira que en estos tiempos -ahora que pienso, si en estos tiempos todo vale- todavía se realicen estas prácticas -fijo que algun estafador se atrevía a describirlas como ‘artísticas‘-.
Así es la vida señores. Todo se vende, hasta la dignidad y el sentido común.
FRANCIA PROHIBE LA IMPORTACIÓN DE PIELES DE PERROS Y GATOS Y DE SUS ‘PRODUCTOS DERIVADOS’
Vanesa Rodríguez. 24.01.2006 – 16:43hLa importación y comercialización de pieles de perros y gatos quedaron prohibidas el pasado fin de semana en Francia por decreto, según informa la agencia AFP. Se modifica así la anterior ley de 2003 y se amplia la prohibición al comercio de todos los “productos derivados” de las pieles de ambas especies. En Europa, todavía es posible vestirse con las pieles de estos animales, mientras que los ecologistas luchan por conseguir su prohibición total alegando que gatos y perros son desollados vivos en Asia para suministrar al continente europeo.
En España no está prohibido.
Fuente: 20minutos.com
El conocido blog sobre arquitectura se encuentra realizando su segundo concurso de fotografía en línea.
Decidí presentarme con la fotografía “Mieko y el castillo de Matsumoto” animado a participar por un comentario que el webmaster dejó en estas mismas páginas virtuales acerca del evento.
Pueden presentarse con sus fotografías, echar un vistazo al concurso y hasta votar la imagen que más les agrade. Pasen y vean.

Costa rocosa. Jávea, 2004
© Roberto Marquino
Por el estudio se acumula día a día.
Por el Tao se disminuye día a día.
Disminuyendo cada vez más se llega a la no-acción.
Por la no-acción nada se deja sin hacer.
El mundo siempre se ha ganado sin acción.
La acción no es suficiente para ganar el mundo.(Lao Tse)

Keith Haring fotografiado por Annie Leibowitz
Ayer fue un día especial. Uno de esos que se recuerdan por largo tiempo. Y bien mirado no es para tanto, pero es la sensación de libertad, de goce estético y de estar formando parte de algo inefable la que me hace rememorarlo con emoción. Primero porque tuve la suerte de reencontrarme con una vieja amiga a quién creí que no volvería a ver y después por la energía creativa que me invadió después de aquella jornada.
Joder, como la amé… ¡Y cuánto me enseñó sin saberlo!
Total, un amor no correspondido que nunca tuvo lugar sino en mis inocentes ensoñaciones.
El caso es que tres años después (¡cómo pasa el tiempo!) quiso el destino provocar el encuentro casual en forma de reclamación por parte de ella en el mostrador de atención al cliente que me ayuda a pagar las deudas que generan los empeños fotográficos. Lo normal era que aquello hubiese quedado en lo anecdótico pero anteayer, medio en broma (aunque deseándolo en el fondo), le planteé la posibilidad de asistir a la inauguración de la exposición de Keith Haring que tendría lugar al día siguiente en el edificio de La Nave de la Universidad de Valencia. Y aceptó.
Antes deambulamos hasta un café, conversamos… ¡Qué bien olía!
No quise alterar aquel estado de gracia, y no lo hice. Me encuentro en un momento complicado, a punto de embarcarme rumbo a Japón por tres meses con la intención de publicar el deseado libro de fotografías sobre el país y reencontrarme con Nanako, la mujer a la que llevo esperando más de año y medio en la distancia. Una espera difícil que me ha enseñado el poder oculto en la paciencia, revelándose a todo aquel capaz de superarse, de ganar la batalla a las prisas a través de la confianza en una resolución justa, siendo uno consciente al mismo tiempo de que no las tiene todas consigo sin inmutarse por ello, capaz de aceptar su destino.
La exposición no fue menos interesante. Pude sentir el grito bohemio de Haring (al que tenía por más superficial) en medio de aquella sala llena de personas que difícilmente llegarían a participar del espíritu de lucha positivista, de acción a través del arte que este singular personaje llevó a cabo hasta el último día que el SIDA le permitió vivir. Tenía 31 años.
Aunque sus dibujos no representen gran cosa técnicamente, Haring transmite a través de símbolos accesibles y universales que repite hasta la saciedad, pero que gustan a todos a juzgar por la popularidad alcanzada.
Acabada la visita salimos a la calle y nos despedimos.
Quise… claro que quise. Pero me dije que se me pasaría, que no era el momento. Respondí con la inacción antes que actuar impulsivamente y con ello me ahorré, bien el disgusto de llevarme una bofetada por exceder la cortesía que tuvo de asistir al evento, bien el desplome del castillo que me ha costado dos años construir junto a la mujer a la que amo, aunque no tenga noticia de ella desde hace mucho tiempo, aunque en año y medio solo me haya escrito tres cartas… ¡Qué le vamos a hacer!
Por otra parte es japonesa y, más aún que cualquier otra mujer, supongo que tendrá sus dudas respecto a compartir un futuro incierto junto a este fotógrafo de provincias con grandes aspiraciones.
Adiós… hasta pronto. Mi amiga desapareció del campo de visión pese a seguir rondando el pensamiento. Marché feliz por haber pasado una tarde tan agradable.
23:45 Llíria, Valencia
Últimamente he vuelto a soñar con escenarios retrofuturistas, y debo reconocer que me gusta. No puedo negar que esos edificios estilo art decó, de ajardinadas terrazas y deshabitados en mis sueños, no resulten harto creativos.
Acaso el tránsito por sus laberínticas habitaciones simbolice la búsqueda interior que inicié años atrás, ésa que no acaba, bien hasta que uno no adquiere una verdadera y completa Fé sobre aquello que considera afín a su modo de entender la vida, bien hasta que la muerte nos sobreviene y desvelamos de una vez todo misterio.
Huelga decir que la segunda vía es mucho más sencilla, y en caso de existir una justicia poética o universal el suicida y el muerto por causas naturales que nunca se preguntó la razón de su existencia -ni la sintió, pues hay personas que viven de la sana intuición- merecerían menor tajada de la deseada recompensa postmortem que sobreviene al transformarse la materia, pues nunca se destruye, eso lo sabe el más necio.
3:15 Llíria, Valencia

Hiroshi Utsunomiya. Llíria, 2003
© Roberto Marquino
Quedan dos meses para la marcha al país del Yamato y con ellos el periodo de angustia común a todo aquel que ha invertido más de lo que tiene en algo que no habrá de proveerle de riquezas materiales.
Es un acto noble, qué duda cabe, aunque mucho menor que aquellos fruto de una ayuda directa al oprimido o al necesitado, que siempre está por encima de la cultura en cuanto a prioridades.
En mi caso debo actuar por “amor al arte”, “a fondo perdido” que se dice en economía. No me importará hacerlo mientras pueda procurarme cama y plato de caliente allí pero es lógico que me pregunte qué sucederá cuando se me acabe el parné.
Tengo lo necesario para recuperarme en el peor de los casos: brazos y salud para trabajar en lo que salga. Pero con tales deudas supondría un largo tiempo en el tajo, resintiéndose con ello el proyecto de libro sobre el país nipón que pretendo llevar a cabo al regreso.
He constatado que en esto del arte hay dos tipologías bien definidas, salvo honrosas excepciones:
1. Un 97% de mediocridad apoyada por influencias de tipo económico y social.
2. Un 3% de genialidad (de la cual muchos pertenecen también a la clase potentada como resultado de la dificultad que entraña el ser tenido en cuenta en términos artísticos siendo un “cul esgarrat” (culo desgarrado), que dicen en las zonas rurales de Valencia).
Recuerdo cómo me ponía cuando se mencionaba la parte comercial del arte en las primeras entrevistas con editoriales y agencias que tuve en Japón. Saltaba e histrionizaba contenidamente, por contradictorio que parezca. Sentía que de un momento a otro implotaría sin dejar el menor rastro de existencia pasada. Quería recuperar el espíritu de Cartier-Bresson, fallecido días atrás pero retirado del círculo algunos lustros antes para dedicarse a la pintura, su primera y gran pasión.
Han pasado dos años de enormes gastos y pocos ingresos, viéndome forzado a claudicar en alguna ocasión, a sonreir guardando mi opinión para mejor lance. Y me odio por ello, aunque en el futuro acabe perdonándome y argumentando que tal vez así eran las cosas en estos tiempos de oscurantismo cultural, como todo aquel que lleva un yugo y teme luchar justificando de cualquier modo la tiranía que padece.
Me digo que mi caso es diferente, que se trata de una guerra de un solo hombre contra todo un monopolio establecido. Aunque todo monopolio tiene sus brechas y tarde o temprano conseguiré mis objetivos para apoyar con acciones otras nobles causas.
Aunque a veces olvido que todo ello entraña un riesgo, el que supone ser parte de ellos y permanecer incorrupto.
16:35 Llíria, Valencia