Archivos de mayo de 2006

15 de mayo de 2006

Sobre la originalidad

Publicado en Diario, Proyecto 'Yamato' por Roberto Marquino

Igual que hace un par de años, viene siendo rutina el pasarme por la biblioteca del museo metropolitano de fotografía de Tokyo. Aquí estudié por cuenta propia imágenes de autores conocidos cuyos trabajos no había tenido ocasión de visionar con anterioridad. Desde entonces que no desperdicio la oportunidad de ampliar el catálogo mental cuando ando por la megalópolis.

Hay de todo en esta biblioteca de la memoria y la creación, aunque yo prefiera llamar a lo segundo de otro modo. Ya he manifestado en alguna ocasión que el hombre no crea nada, tan sólo descubre y reproduce.

En mi caso personal trato de buscar el enfoque, la composición y el momento exacto a través de las herramientas que me son afines. Eso es todo.

Puedo llegar a aceptar con reticencias la palabra artista por añadir a lo anterior el hecho de la búsqueda y la filosofía personal, aunque prefiero el concepto fotógrafo por llevar implícitas connotaciones artesanales. En cuanto a reportero gráfico… sería perfecta si se utiliza del mismo modo que hace cinco o seis décadas.

Si bien la calidad del fotoperiodismo actual no desmerece en absoluto, se me antoja deshumanizado y profiláctico. Nadie se la juega. Los artistas huyen de mostrar verdadera personalidad -que siempre confunden con originalidad- y los reporteros gráficos en ocasiones llegan a ser demasiado crudos.
Ahora bien, hay excepciones con mayúsculas en la actualidad. Yang Yan-kang, por ejemplo.

Todo este asunto me hace recordar una anécdota que me sucedió ayer mismo.

Tras escribir el artículo de disculpa por la ausencia literaria, enfilé a pié a hacia la caótica Shibuya. A mitad de camino me paré frente al escaparate de una minúscula galería de arte -¿por qué, entonces, la llaman galería?-. Un cuadro en concreto me llamó la atención. De repente, una voz amiga me animó a pasar.

Al principio me mostré algo reticente, en estos lugares suele respirarse cierto olor a negocio que asocio curiosamente a la imagen de un ano bien apretado y a una expresión facial de exquisitez y mercadotecnia.

En esta ocasión la cosa comenzó de modo diferente, pues el dueño del establecimiento me invitó amablemente a tomar asiento, preguntándome por mis quehaceres.

No sabría decir si vio en mí un potencial cliente, si reconoció mi oficio por la Rollei que llevaba en la mano o si simplemente le apetecía conversación. El caso es que de nuevo tuve esa extraña sensación, donde todo parece ir bien a juzgar por el trato mientras las entrañas me lanzan advertencias de malestar.

Le expliqué mis andanzas niponas y el objetivo de hacer un libro de fotografía con el resultado, a lo que me respondió: ¿Ha visto usted a los jóvenes que se mueven por Shibuya y Harajuku? ¿Qué le parece el estilo que muestran sus ropas?

Bueno, -le dije- ciertamente es una curiosa adaptación del estilo occidental, muy original, eso sí, aunque lamento el hecho de que en la mayoría de casos la moda esconde vacuidad y el frustrado intento de lucir personalidad apoyándose en una actitud superficial.

El señor cambió su expresión y, alzando un poco la voz sin perder la compostura, dijo con unas chiribitas en los ojos que lo figuraban abstraerse: ¿No le parece interesante? Gente de todo el mundo…

Me debatía en mi respuesta. ¿Le insistía en mi ausencia de interés por todo aquello que no afecta al alma o por contra corregía mi primera afirmación y la adaptaba a las circunstancias?

No quería mentir. Me cuesta mucho hacerlo por cuanto supone dar un paso atrás en la vía del samurai espiritual, de modo que concluí reconociendo la originalidad del asunto, omitiendo que para mí el concepto de originalidad carece de valor si no va asociado a nobles propósitos -prefiero una fotocopia de ‘El entierro del conde Orgaz’ a todas las obras de Piero Manzoni y Lucio Fontana juntas-.

De hecho, -añadí en favor de la verdad- ahora mismo me disponía a ir para allá y retratar a esos jóvenes.

Y eso mismo hice.

11:30 Museo metropolitano de fotografía de Tokyo

14 de mayo de 2006

Me perdonen

Publicado en Diario, Proyecto 'Yamato' por Roberto Marquino

Trato de escribir estas notas a modo de disculpa para aquellos lectores que, siendo fieles al a este diario en línea donde narro los rodeos que voy dando en la vida -necesarios, por otra parte- puedan sentirse decepcionados por la poca asiduidad con la que acudo a sus citas literarias.

Podría excusarme con las ocupaciones fotográficas, o hasta con el hecho de que en verdad sí escribo aunque no publico dado el poco acceso a la red del que dispongo, unido todo ello al tiempo que consume el digitalizar los legajos en los que ametrallo estos pensamientos.
No sería más que eso, excusas.

Lo cierto es que por algún motivo que desconozco he acabado descuidando este interesante diálogo que mantenía con ustedes a través de la tinta virtual, recibiendo de tanto en tanto sus comentarios a modo de respuestas cargadas de ánimos desde la distancia física, cuando no de alguna crítica constructiva que tengo a bien reflexionar.

Hoy me encuentro en Japón, mas sabe Dios a donde me llevarán las decisiones personales y el azar en lo sucesivo. ¿Seré entonces capaz de compartir los aprendizajes que me sobrevengan?
Me atrevo a decir que sí por una simple razón: me veo en la necesidad imperiosa de comunicar los resultados de mis experiencias y los sentimientos que sobrevienen en tales instantes, y no por darme a una función moralizadora sino por tratarse de un medio efectivo de autoconocimiento.

Leer libros es bueno, pero no es menos escribirlos. A fin de cuentas la vida es un manojo de pliegos donde uno narra su propia historia. ¿No es así?

Queridos amigos, figúrenme sentado de piernas cruzadas sobre un banco entre la multitud de una plaza tokiota mientras la marea humana discurre en todas direcciones, con esta manida libretucha y la vieja Rolleiflex que me acompaña a todas partes desde que la recibiera de manos de mi buen amigo D. Francisco. Imaginen que alzo la mirada a un horizonte difuso, más allá de lo visible, y llego hasta ustedes para mostrarles sin palabras lo que se oculta detrás de ésta. Si saben utilizar bien este magnífico instrumento de abstracción y tienen sangre en las venas tal vez descubran en dicha imagen algo que se esconde en su propia psicología.

Una vez más, les ruego disculpen la intermitencia de mis publicaciones virtuales.

11:00 Ebisu Garden Place, Tokyo

12 de mayo de 2006

Cuentos de un extranjero

Publicado en Diario, Proyecto 'Yamato' por Roberto Marquino

Levanto la vista sobre el rascacielos de Yebisu. Oigo a los cuervos que lo merodean y, de tanto en tanto se posan en él. De repente me embarga una extraña sensación… el mismo graznido…

Ya sé. La isla, aquella primera isla del Pacífico noroeste canadiense cuya playa habitamos deshojando los días con lo básico. Los cuervos pertenecían a ella. El bosque de coníferas se alzaba en retaguardia a pocos metros del mar, enmarañado y complejo, ¡pero qué bello!

La contemplación de aquel paraíso inalterado con el paso de los siglos -milenios- cambió para siempre mi visión del mundo. Ahora yo también pertenezco a esa isla.

Sólo existe una palabra capaz de condensar aquel cúmulo de sensaciones: primitivismo. Recuerdo cuando respondí con ella a los posibles productores del documental y alguien dijo: ‘no podemos usarla, es cacofónica, demasiadas íes’. Bueno, que quieren que les diga, con o sin íes, es lo que mejor expresa mi percepción de aquella experiencia inolvidable.

El traqueteo constante de una vía cercana y un repentino sonido de ambulancia me devuelven a esta gran plaza de cemento. Los cuervos, acaso parientes lejanos de esos que habitan aquellas minúsculas islas, continúan con sus empeños de supervivencia en la inmensidad tokiota.

Esta es mi vida. Yo soy uno de esos cuervos.

9:30 Ebisu Garden Place, Tokyo