Archivos de mayo de 2007

30 de mayo de 2007

Tira de la red

Publicado en Breves reflexiones, Cuentos del inconsciente, Diario por Roberto Marquino

Hace un par de noches, ya de regreso en Valencia, me preguntaba con esa leve angustia que sobreviene al finalizar una etapa o proyecto:

¿Por qué yo, entre la gente que hay tirando fotos por el mundo en pos de algo que nunca se acaba de desvelar, habría de ser uno de los electos por la agencia de marras?

Y de repente, ya con la luz apagada y metido en cama, presto a descansar después de tanta matraca, me sobrevino la siguiente respuesta, tan clara que me pareció escucharla en estéreo:

Tira de la red, que unida a otras por medio de remiendos alcanza el fin de los tiempos.

4:23 Llíra, Valencia

22 de mayo de 2007

El pacto no escrito

Publicado en Diario por Roberto Marquino

En breve empieza mi turno de dos horas echando una mano en la librería. En eso -y en ayudar a montar el tinglado a las doce del mediodía y a desmontarlo a la misma hora de la noche- consiste el pacto no escrito al que nos comprometemos todos los que me hemos pernoctado en allí, que juzgo no pocos a día de hoy -algunos de posterior renombre-.

21:20 En un parquecito frente a Notre Dame, París

22 de mayo de 2007

Misión cumplida

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Ahora sí: Misión cumplida.

Tras pasar la noche en la ya mítica librería Shakespeare and Company gracias a la hospitalidad del señor George Whitman -caballero a la postre de las artes y la letras en el país galo- y de su hija Sylvie, he recorrido a pié todo el camino que me ha dado tiempo desde Notre Dame, sede de la librería, hasta Montmartre.

Y digo lo que ha dado tiempo porque la escala del mapa que imprimí de internet me ha jugado una mala pasada forzándome a tomar el metro llegada cierta hora, algo que me había propuesto evitar en pos del mejor conocimiento de la ciudad y siendo que, además, cuesta dinero, un dinero que me esquiva y genera mala fama, pues si algo he aprendido es que no es posible hablar de él generando simpatía.

El caso es que, finalmente, he dado con la agencia Magnum, un pequeño edificio con paredes exteriores cubiertas con placas de hierro oxidado en discordancia manifiesta con los edificios clásicos y burgueses que lo circundan. Amy, la recepcionista, estaba avisada de mi llegada desde España -¡Cómo que la avisé yo!-, y aún con todo no ha podido evitar regalarme una expresión de sorpresa por la famélica singladura que allí columbraba su fin.

De repente, una música épica sonó en mi cabeza, emitida interiormente por los millones de células que me conforman e imprimen carácter, jubilosas.

Por la tarde, ya comido y previa siesta en el parquecito cercano a la librería, de nuevo con Notre Dame de fondo de pantalla, he tenido el placer y el honor de conversar con el señor Whitman, de noventa y tres tacos magníficamente llevados.

Lo que empezó en inglés derivó en la lengua de Cervantes en cuanto Mr. Whitman supo de mi procedencia.

¡Carajo! -dijo en un tono amistoso-. Y proseguimos. Le recordé algunas anécdotas de su extensa biografía, que me confirmó y amplió, como aquel viaje que quiso hacer a pié por el vasto mundo durante siete años, truncado tras algunas correrías en Sudamérica y que acaso pudo marcarle. Por lo inconcluso, digo.

También me confesó que había publicado algunos artículos en español por aquellas tierras. No se si dijo Honduras, ya poco importa. ¿O no? ¿Quién sabe de que trataban aquellos artículos de juventud?

Quisiera imaginar que apuntaban grandes maneras, las que ahora posee y muestra, depende del momento, el Sr. Whitman, al que luego he visto aparentemente furioso por el orden en que habían sido colocados algunos de los libros en cierto estante de su emblemático negocio.

Puede que en esa desaforada y engañosa proyección de mala leche se encuentre el secreto de su longevidad. La energía, el no parar: eso renueva.

De postre se ha prestado a unos retratos relámpago. La sesión ha debido durar entre diez y veinte segundos, saldándose con tres disparos, de entre los que espero haya salido uno bueno.

Habitualmente sólo tiro una vez y que sea lo que Dios quiera, pero el Sr. Whitman bien merecía un plus. Otra cosa sería un encargo. Ahí el que paga manda, aunque tampoco demasiado, pues de haber querido hacerme rico estaría metido ya en otros trapicheos y no haciendo fotos en pos de un arte revelador a la par que documental.

18:40 Cercanías de la Torre Eiffel, París

19 de mayo de 2007

Valió la pena

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Al final todo se ha complicado de un modo absurdo. Resulta que agencias de mensajería ‘rápida’ como Seur no son tan rápidas como pensaba. Si enviaba hoy sábado con ellos el porfolio a París, no llegaba hasta el miércoles -y tampoco podían afirmar a qué hora-.

Ahora mismo hace dos días y medio que no duermo y hasta hace escasos minutos un día sin comer. Esta noche la he pasado escribiendo hasta el mediodía los textos en inglés que restaban para adjuntar al porfolio. Justo al término ha llegado a mi casa un operador de cámara y un técnico de sonido a rodar la entrevista final para el documental que comenzamos en 2005, viviendo como robinsones durante tres meses en los bosques lluviosos del pacífico noroeste, lugar que ahora mismo echo de menos.

La cara de dos días de sueño acumulado, uno sin comer y el infarto a flor de piel es lo único que quedará para la posteridad en ese documental, no importa cuanto esfuerzo hubiera detrás ni los momentos de seriedad dedicada…

Al final, en vez de darme por vencido y acostarme, he usado la muy mermada tarjeta de crédito y he comprado un billete a París para el lunes por la tarde -él único cuyo precio me podía casi permitir-. Tanto confío en ese porfolio.

Trataré de hacer noche en una librería que solía alojar a bohemios o en su defecto donde el cañazo pecuniario me resulte menos doloroso. Ya el martes por la mañana ayudaré a abrir la agencia Magnum al primer trabajador que por allí se acerque. Acto seguido, besaré el sobre sellado, quizá me santiguaré o clamaré a la buena fortuna y, no sin revisarlo veinte o treinta veces, me desprenderé de él, deseándole un buen porvenir como entidad autónoma que tendrá que representarnos.

Pase lo que pase, siempre quedará la satisfacción de haber dado lo máximo, ya desde Japón, donde proseguí disparando embelesado con la Rollei bajo un aguacero que me mantuvo dos semanas hecho una braga, no mucho tiempo después de haber vivido la mayor decepción amorosa de mi vida, tras dos años esperando a la zagala.

Y sin embargo, todo valió la pena. Doy fe.

19:08 Llíria, Valencia

18 de mayo de 2007

Cansado y agradecido

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Son la siete de la mañana. Voy a acostarme un rato, no sin antes dar fe de que, durante la noche de ayer y hasta las 4:30 de la madrugada, D. Francisco ha participado activamente hasta el final de la selección fotográfica, hecho que lo ennoblece convirtiéndolo, si no lo era ya, en uno de mis más grandes benefactores.

Nada de esto habría sido posible sin esa segunda opinión -muchas veces primera- que ha puesto desinteresadamente al servicio de ese porfolio que es ya menos mío que de todos los que de un modo u otro han colaborado en su materialización. Y no han sido pocos.

A todo ellos, mi más sincero agradecimiento.

7:00 Llíria, Valencia

17 de mayo de 2007

Menos de veinticuatro horas

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Menos de veinticuatro horas para enviar ese máximo de ochenta fotos a las oficinas de Magnum en París, y la casa por barrer…

Quiero decir con esto que, tras varios días seleccionando fotogramas, hemos pasado de un grueso de tres mil a un grueso menos grueso de mil, lo cual inquieta, quedando ya pocos telediarios que ver antes de que los resortes de la agencia comiencen a bajarse, cerrando así las persianas de la esperanza hasta el año que viene, el cual le queda algo lejos a las aspiraciones -e inspiraciones- de uno.

Y decía ‘nos’, porque han sido varios los compañeros -gente del mundillo audiovisual- que han estado al pié del cañón visionando buena parte de las ráfagas de tiempo congelado que les ofrecí sin empapuzar, con toda la pausa que el apremio haya podido permitir.

A todos mil gracias -tantas como fotos quedan por trillar-, en especial a Francisco Hernández, al cual mantuve anoche en vela a sabiendas de que hoy tenía faena acumulada.

Siendo él, además, quien me regaló la Rolleiflex con la que trabajo, no puedo menos que dedicarle por adelantado cuantas orejas me queden por cortar en el vasto y difuso campo de lo fotográfico, materialización de la vida que, tan pronto nos ayuda a comprenderla con sus escenas de perfecta imperfección contenida como nos engaña desde el momento en que transformamos lo que nos muestra en vagos y siempre imprecisos conceptos.

Gracias también a Laura, Elí y Josep por la atención y el tiempo dedicado.

19:15 Llíria, Valencia

16 de mayo de 2007

Mieko en el bosque

Publicado en Diario, Fotografía por Roberto Marquino

Mieko en el bosque. Nagano, 2006

Mieko en el bosque. Nagano, 2006
© Roberto Marquino

Hace casi tres semanas que hablo de fotografía sin mostrar nada de ese porfolio que preparo para Magnum.

Como no me parece bien compartir solamente el proceso tedioso, hoy rompo esta dinámica dejando ver una de las imágenes que he rescatado de entre esas casi tres mil.

Adelanto que -¡por supuesto!- también hay basura en el taco de cromos, pero esa la guardo en el fondo de la gaveta quizá para pegarle fuego, si algún día tengo el arrojo y los bemoles.

Comparto, pues, esta imagen de Mieko en el bosque, mujer a la que tengo en gran estima y sobre la que -si el tiempo y el dinero no lo impiden- me gustaría realizar algún día un libro de imágenes de su cotidianidad robada.

Mieko, sin saberlo siquiera, posee el don de convertir cualquier situación en pura poesía. Digo más, precisando y dejando aparte cualquier consideración o falsa modestia:

Mieko tiene el don de hacer poesía con sus actos cotidianos y yo la facultad de poder verla y atraparla, con la profunda convicción de estar obrando en aras de un arte sanador, guiado por la madre providencia.

3:55 Llíria, Valencia

15 de mayo de 2007

Dos mil ochocientos noventa y siete cromos

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Ya acabó el proceso de escaneado de negativos.

Dos mil ochocientos noventa y siete cromos, de entre los cuales restan dos días para destilar un máximo de ochenta, que viajarán a París como oro en paño portando un mensaje revitalizador del panorama fotográfico internacional.

Perfeccionismo y honestidad, decía Jimmy Fox -editor de toda la vida de Magnum, ya retirado- cuando le preguntaban por el espíritu de la mítica agencia de fotos.

Ahí van dos sacos llenos.

4:18 Llíria, Valencia

13 de mayo de 2007

Reconocimiento póstumo

Publicado en Diario, Poesía por Roberto Marquino

Un genio al que descubrieron
algunos años después de muerto
alzó la voz desde el más allá,
pronunciando un discurso
que no llegó a escucharse.

Hoy pasan diapositivas suyas
con música de jazz urbano,
compases sincopados
que el muerto no llegó a conocer.

Ya no puede ni quiere consumir los agasajos.

20:00 Llíria, Valencia

12 de mayo de 2007

Cansancio mental

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Demasiada presión. Ya no se cuantos días llevo aprovechando los escasos cuatro minutos en los que el escáner de negativos hace la pasada para comer a trompicones, afeitarme o hacer de vientre. Desde la mañana hasta bien entrada la madrugada.

Hay momentos en los que el deseo, unido a la sensación que me produce alguna de las imágenes, me hace verme victorioso de una justa que en verdad no existe sino a ratos, en mi mente.

A veces todo lo contrario, donaría o vendería -según el momento y la necesidad- todo el material que poseo y me dedicaría a otra cosa. Tal es el hastío y la angustia.

Por fortuna, tras años de engaño bipolar he aprendido a hacer las cosas por sí mismas y no por sus frutos, como decía el Gita. Cuando me asaltan las dudas, pienso: ¿Qué sentido habrá tenido, dentro de cien millones de años, la culminación de lo más sagrado del arte en ‘Las Meninas’, de Velázquez?

Éste, en contraposición a la mayor parte de los cuadros expuestos impunemente en casi cualquier museo de arte contemporáneo, tiene en verdad el mismo sentido final de existencia que aquellos.

Lamentablemente en eso se basan los mercachifles del arte para vender sus bodrios a precios aleatorios.

Y siendo que no hay nada material que santificar a la hora de alcanzar la realización, los pobres mortales nos perdemos en mil divagaciones, engañados como caracoles en agua fría.

Hacer porque sí. Porque lo dice el alma, que entiende mejor que nadie de la vida. En esas estoy ahora.

19:03 Llíria, Valencia