24 de mayo de 2008

Plácidamente insensible

Publicado en Diario por Roberto Marquino

Cuando estuve en Hong Kong conseguí algo que no se me habría ocurrido hace tres o cuatro años: estar representado por una galería en el lejano oriente.

Con el tiempo el no-sueño se hizo realidad gracias a Picture This, que en marzo me hizo partícipe de una exposición colectiva en sus nuevas instalaciones de Queen’s Road.

Ayer recibí un correo donde me comunican la primera venta, una edición limitada del retrato del personaje en zazen que titulé ‘Meditando todavía‘.

He querido ver en él un símbolo, el de aquel que rodeado por el desastre y pese a haber perdido una mano permanece sentado en comunión con lo impensable. Espero que también sea una bendición.

Hoy releo los viejos artículos de este diario y me doy cuenta de que he perdido parte del espíritu y la pasión de aquellos momentos. No sé si celebrarlo o lamentarlo.

Por un lado dependo menos que nunca del éxito y la crítica. Vivo el día a día y agradezco cuanto viene por inesperado.

Por otra parte, siendo yo un vago, quizá uno de los mayores que he tenido la suerte o desgracia de echarme en cara, esa carencia de sentimiento exacerbado que era el combustible que ardía en mis entrañas me ha dejado sin ganas de obrar. 

Ahora todo en la vida tiene sentido, soy feliz con casi nada, pero el lado negativo de este desprendimiento es que no he sabido conservar esa pasión creativa que ahora trato de recuperar. Tanto es así que estando en Marruecos no disparé un carajo a excepción de un carrete que dediqué a un tema del cual hablaré más adelante. 

De ahí que sea un desprendimiento de aprendiz. Un maestro no se deshace de nada que necesite, y yo necesito expresarme, aunque no sirva de mucho y el mundo sea el mismo sin mis fotografías y textos, pese a que las palabras no lleven sino a la confusión, bendita confusión que un día puede conducirnos a la compresión última de las cosas.

Entonces, ¿en que quedamos? -me dice una voz interna-.

Estímulos no faltan, medios tengo, pero el adormecimiento se apodera de mí. Hace meses que no cumplo con decenas de pequeñas cosas a las que me comprometí, detalles interpersonales que marcan la diferencia entre el agradecimiento y la indiferencia.

Muero por llevarlas a cabo, pero se han acumulado tantas que al ver la cúspide de la montaña me dejo llevar por la ansiedad, que me arrastra a la procrastinación.

Definitivamente, necesito un soplo de vitalidad.

4:56 Llíria, Valencia

2 de febrero de 2007

Exposición en Espacio Kubiko

Publicado en Diario, Fotografía, Proyecto 'Yamato' por Roberto Marquino

Portada web de la galería Espacio Kubiko

Portada web de la galería Espacio Kubiko. Febrero, 2007
© Roberto Marquino

El mes de febrero la Galería Espacio Kubiko apuesta por uno de sus representados, el cual tengo el placer de encarnar, mostrando impunemente a través de su exposición virtual un brevísimo extracto de lo que llevan visto éstos ojos que algún día se tragará el fuego, ya inertes.

Ésta es la reseña que han publicado en algunos medios:

Trabajo minucioso y estudiado de una calidad excepcional.

Marquino nos trasporta con su obra a la cultura oriental japonesa mostrándonos los dos polos opuestos de la sociedad nipona, tanto en sus costumbres ancestrales, gestos y actitudes diarias, como en la moderna efervescencia de una de las mayores urbes del planeta, siempre en movimiento y en continua transformación, conviviendo ambas bajo un mismo espacio en una misma sociedad.

15 de mayo de 2006

Sobre la originalidad

Publicado en Diario, Proyecto 'Yamato' por Roberto Marquino

Igual que hace un par de años, viene siendo rutina el pasarme por la biblioteca del museo metropolitano de fotografía de Tokyo. Aquí estudié por cuenta propia imágenes de autores conocidos cuyos trabajos no había tenido ocasión de visionar con anterioridad. Desde entonces que no desperdicio la oportunidad de ampliar el catálogo mental cuando ando por la megalópolis.

Hay de todo en esta biblioteca de la memoria y la creación, aunque yo prefiera llamar a lo segundo de otro modo. Ya he manifestado en alguna ocasión que el hombre no crea nada, tan sólo descubre y reproduce.

En mi caso personal trato de buscar el enfoque, la composición y el momento exacto a través de las herramientas que me son afines. Eso es todo.

Puedo llegar a aceptar con reticencias la palabra artista por añadir a lo anterior el hecho de la búsqueda y la filosofía personal, aunque prefiero el concepto fotógrafo por llevar implícitas connotaciones artesanales. En cuanto a reportero gráfico… sería perfecta si se utiliza del mismo modo que hace cinco o seis décadas.

Si bien la calidad del fotoperiodismo actual no desmerece en absoluto, se me antoja deshumanizado y profiláctico. Nadie se la juega. Los artistas huyen de mostrar verdadera personalidad -que siempre confunden con originalidad- y los reporteros gráficos en ocasiones llegan a ser demasiado crudos.
Ahora bien, hay excepciones con mayúsculas en la actualidad. Yang Yan-kang, por ejemplo.

Todo este asunto me hace recordar una anécdota que me sucedió ayer mismo.

Tras escribir el artículo de disculpa por la ausencia literaria, enfilé a pié a hacia la caótica Shibuya. A mitad de camino me paré frente al escaparate de una minúscula galería de arte -¿por qué, entonces, la llaman galería?-. Un cuadro en concreto me llamó la atención. De repente, una voz amiga me animó a pasar.

Al principio me mostré algo reticente, en estos lugares suele respirarse cierto olor a negocio que asocio curiosamente a la imagen de un ano bien apretado y a una expresión facial de exquisitez y mercadotecnia.

En esta ocasión la cosa comenzó de modo diferente, pues el dueño del establecimiento me invitó amablemente a tomar asiento, preguntándome por mis quehaceres.

No sabría decir si vio en mí un potencial cliente, si reconoció mi oficio por la Rollei que llevaba en la mano o si simplemente le apetecía conversación. El caso es que de nuevo tuve esa extraña sensación, donde todo parece ir bien a juzgar por el trato mientras las entrañas me lanzan advertencias de malestar.

Le expliqué mis andanzas niponas y el objetivo de hacer un libro de fotografía con el resultado, a lo que me respondió: ¿Ha visto usted a los jóvenes que se mueven por Shibuya y Harajuku? ¿Qué le parece el estilo que muestran sus ropas?

Bueno, -le dije- ciertamente es una curiosa adaptación del estilo occidental, muy original, eso sí, aunque lamento el hecho de que en la mayoría de casos la moda esconde vacuidad y el frustrado intento de lucir personalidad apoyándose en una actitud superficial.

El señor cambió su expresión y, alzando un poco la voz sin perder la compostura, dijo con unas chiribitas en los ojos que lo figuraban abstraerse: ¿No le parece interesante? Gente de todo el mundo…

Me debatía en mi respuesta. ¿Le insistía en mi ausencia de interés por todo aquello que no afecta al alma o por contra corregía mi primera afirmación y la adaptaba a las circunstancias?

No quería mentir. Me cuesta mucho hacerlo por cuanto supone dar un paso atrás en la vía del samurai espiritual, de modo que concluí reconociendo la originalidad del asunto, omitiendo que para mí el concepto de originalidad carece de valor si no va asociado a nobles propósitos -prefiero una fotocopia de ‘El entierro del conde Orgaz’ a todas las obras de Piero Manzoni y Lucio Fontana juntas-.

De hecho, -añadí en favor de la verdad- ahora mismo me disponía a ir para allá y retratar a esos jóvenes.

Y eso mismo hice.

11:30 Museo metropolitano de fotografía de Tokyo

21 de diciembre de 2005

Un fotógrafo en la corte (I)

Publicado en Diario, Fotografía por Roberto Marquino


Padre e hijo. Nagano, 2004
© Roberto Marquino

Texto del 14/12/2005

Llego a Madrid tras una larga noche de preparativos. He dormido una hora y se nota. Entre esto y los nervios por incertidumbre heredados de mi abuelo ando algo descolocado, aunque exteriormente luzco con decimonónica figura. Vamos, que estoy presentable.

El caso es que me he propuesto hacer un libro de fotografías sobre Japón en el estilo que vengo desarrollando en los últimos años (ya saben: Rolleiflex, blanco y negro, formato medio y mucha sensibilidad presta a capturar el momento mágico que se desvanece tan pronto como se produce). Así lo he transmitido a diversos organismos y la cosa luce muy factible.

Como sigo empeñado en formar parte de la agencia Magnum contacté también con Miguel González, director de la agencia Contacto y representante de Magnum Photos en España. Al término de la conversación telefónica me sugirió este desplazamiento hasta la Corte para mostrar mis trabajos, tanto a él como a Cristina García Rodero que como nueva nominada algo de voz ha de tener.

¡Mi admirada Cristina! ¡La Cartier-Bresson española! ¡La mejor fotógrafa de las tierras de Híspalis!

Esta noche he sido invitado a la inauguración de la exposición sobre Marruecos basada en las fotografías de Bruno Barbey (también miembro de la agencia Magnum) en la sala del Canal de Isabel II. En breve me dispongo a acercarme a las oficinas de Contacto para recoger la invitación que hará, supongo, de santo y seña. No habrá allí mucho tiempo para la cháchara, dice Miguel, pero al menos precisaremos la cita de mañana o pasado.

No las tengo todas conmigo respecto a que aparezca Cristina, pues en esta vida he recibido mucho gato por liebre. Al menos confío en que el viaje no sea en valde respecto al proyecto que daré comienzo en marzo.

Vengo a defender mi trabajo en un nuevo lugar, una vez más. A repetir con renovadas palabras lo que ya dije en su día. Sé que al final se hará la luz, sólo es cuestión de tiempo.

Tampoco olvido la inauguración de la exposición colectiva donde se podrán ver cuatro de mis fotografías de Japón. Será, como dije, a las 20h. en la Galería Espacio Kubiko. Y allí estaré si el tiempo no lo impide.

¡Oh providencia, dame fuerzas para sacar esto adelante! ¡Dame fuerzas para olvidar deudas y penurias! ¡Dame fuerzas para transmitir aquello que he venido a decir!

¡Amén!

13:50 Madrid